La emergencia nacional determinada por la escasez de energía eléctrica, exige hoy, más que nunca, la conservación integral de lo que aún resta de selva andina y más ahora cuando la Constitución no solo faculta para tomar medidas drásticas, sino que obliga a que los derechos comunitarios priven sobre los particulares. Esta cruel crisis energética que padece Colombia tiene como causa primordial un manejo ecológico lamentable desde tiempo inmemorial, reforzado últimamente con imprevisión, despilfarro, malos manejos y negligencia. La situación ecológica, lejos de mejorar, empeora sobre todo la deforestación. Alguna vez, hace años, Columna Ecológica se refirió al biogas o gas metano como una alternativa no solo como combustible doméstico sino para generar electricidad.
El biogas es producido por la biodegradación de materia orgánica y conocido también como gas de los pantanos; es un hidrocarburo que arde con llama poco brillante pero muy caliente. Se encontró por primera vez en terrenos pantanosos, donde el humus del subsuelo en presencia del agua, se descompone y genera el biogas en grandes cantidades que afloran con el agua cuando se perfora para hacer pozos artesianos, y se presenta el curioso fenómeno de agua subterránea entubada, que en contacto con el fuego produce una llama azulada, lo cual es constante en pozos saltantes en la Sabana de Bogotá.
La tecnología moderna y especialmente en los últimos años, ha aprovechado el gas metano producido artificialmente como combustible doméstico sucedáneo de la leña, el carbón y derivados del petróleo; también sirve para generar electricidad, con la inmensa ventaja de que no es contaminante.
En síntesis, la sencilla tecnología para producir biogas consiste en un digestor o sea un recipiente hermético donde se deposita cualquier tipo de materia orgánica blanda mezclada con agua. El proceso de descomposición de esa materia o sea su biodegradación, produce el metano que se almacena allí y luego por medio de una tubería que capta el gas, éste se distribuye para los fogones de las estufas. El uso generalizado del biogas como combustible en el ámbito rural, salvaría muchas hectáreas de selva, empleando pequeños digestores alimentados con estiércol de los animales domésticos.
Pero lo más importante serían las plantas microtérmicas para generar unos pocos kilovatios, que le ahorrarían al campesino costosas inversiones que demanda la electrificación rural por medio de interconexión eléctrica.
Fuente: El tiempo




